Mostrando entradas con la etiqueta Cultura y Desarrollo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cultura y Desarrollo. Mostrar todas las entradas

El Bono Cultura en el Modelo Cultural Dominicano

jueves, 1 de abril de 2010 |




Toda una década no han sido suficientes para que luego de creada la Secretaría de Estado de Cultura, hoy convertida en ministerio, se alcanzara un esquema de gestión cultural capaz de potenciar el capital cultural como bases del bienestar humano y la ciudadanía cultural.

Hace una década Néstor García Canclini, nos advertía, que era necesario “…repensar tanto al Estado como al mercado, y la relación de ambas con la creatividad cultural y la participación.” Se presentaba como una tarea urgente, según el conocido experto, situar esta problemática en el centro de las cuestiones de las políticas culturales, y de los procesos de integración cultural latinoamericanos. Canclini nos hablaba de lo importancia de “… averiguar cómo coordinar a ambos para que participen de modo más democrático en la selección de lo que va a circular o no, de quiénes y con qué recursos se relacionarán con la cultura.”
[1]

La falta de comprensión en nuestro país sobre esta cuestión, obviamente ha significado ignorar políticas culturales con clara vocación estratégica hacia la producción y los mercados culturales; cosa que tendrían serias consecuencias respecto a las sinergias que hay que producir entre las políticas culturales y las políticas sociales del Estado, necesarias para alcanzar un nuevo modelo de desarrollo cultural para la República Dominicana.

Desde el pasado año el Ministerio de Cultura del Brasil promueve la Ley de Bono-cultura
[2], con el cual busca producir un cambio sustancial en el modelo cultural de aquel país, creando una demanda inducida que permita romper las barreras que impiden el acceso a amplios sectores sociales a los bienes y servicios culturales. Siendo quizás este instrumento uno de los modos posibles para dar solución a la problemática expuesta anteriormente.

Iniciativa semejante ya había sido promovida desde el 2009 en Andalucía, España. Empero, a diferencia de la tarjeta de bono cultura en esta comunidad española, que se orienta a estimular el consumo cultural en segmentos juveniles, la del brasil pretende impactar en toda la clase trabajadora del Brasil, no importando la edad y el género.

El Bono-Cultura otorgará una tarjeta de crédito mensualmente a los trabajadores, por parte de sus empleadores para que puedan acceder a bienes y servicios culturales, teniendo como base la llamada Bolsa Cultural, equivalente a 50 reales para gastos exclusivamente cultural.

El proyecto de Ley según estimaciones del Ministerio de Cultura, espera que el consumo cultural del Brasil pueda llegar a unos 319 millones de dólares, incrementando sustancialmente la renta de los artistas y estimulando el empleo cultural, especialmente dentro del sector de las industrias culturales y creativas.

El impacto del Bono-Cultura significará beneficiar a 12 millones de brasileños, que hasta el momento se encuentran marginados del consumo cultural en este país. Brasil que lleva un riguroso estudio de indicadores culturales, revela que a penas un 20% de los brasileños que acceden a la cultura sólo el 14% de ellos, asisten al cine una vez por mes; el 96% nunca ha ido a un museo; el 78% nunca a entrado a un espectáculo de danza y, el 93% jamás ha tenido acceso a una exposición de arte.

En la República Dominicana, donde ya se han desarrollado programas con tarjetas con créditos, que buscan promover políticas sociales que mitiguen los efectos de la marginalidad en la lucha contra la pobreza, como lo serían el programa Bono Gas y la tarjeta solidaridad. Resulta improbable que el Bono cultura pudiera alcanzar objetivos significativos, debido a que el modelo de gestión cultural no es cónsono con una estructura cultural orientada a las políticas de desarrollo cultural.

En el caso hipotético que promovamos una Ley de Bono-Cultura, bajo las actuales circunstancias de la gestión cultural dominicana, en donde no existen indicadores de consumo cultural, andaríamos a ciegas buscando colocar la cola al burro. Este instrumento de política cultural, como lo es el Bono-Cultura, que no deja de crear controversias; podría convertirse en nuestro país, por las tareas que están pendientes en materia de economía de la cultura, en un mecanismo con finalidades distintas a las que se procuran desde el punto de vista del desarrollo cultural.

_________________________


[1] Néstor García Canclini, Industrias culturales globalización: procesos de desarrollo e integración en América Latina. Cultura y Desarrollo, Volumen 1, febrero 2000, ORCALC. Pág. 33


Panorámica de la Consulta al Sector Cultural
Universidad Autónoma de Santo Domingo, enero 2009


La inclusión de los Derechos Culturales en la ley sustantiva dominicana, representa uno de los principales aciertos del proyecto de Reforma Constitucional, presentado por el Poder Ejecutivo al Congreso Nacional.

Sin embargo, el Artículo 53 del proyecto de reforma constitucional, que trata sobre derechos culturales, posee debilidades significativas, tanto de índoles conceptuales respecto a la cultura, como en relación al constitucionalismo cultural contemporáneo. Lo que alertó a sectores intelectuales y a organizaciones de la sociedad civil a tomar acciones para que dicho Artículo sea cónsono con estos avances, al igual que con el concepto de “Estado Social y Democrático de Derecho” que preconiza el mismo proyecto de Reforma Constitucional.

La inclusión de los derechos culturales en la constitución dominicana, ha de ser considerado por el sector cultural y todos los dominicanos, como un acontecimiento de trascendencia histórica, para el ejercicio y afianzamiento de los derechos humanos en la República Dominicana. Debido a este significativo hecho, se requería de una inédita movilización del sector de la cultura, que permitiera reconocer tales derechos, dando oportunidad a formularlos de modo democrático y consensuado; cosa que desaprovechó las altas instancias de la cultura en el país.

Esta falta de sentido histórico de nuestras autoridades culturales, no advirtió, dado el inmediatismo que rigió en la formulación de Artículo 53, que la experiencia más inmediata, llevada a cabo en América latina, habría contemplado una consulta nacional con el sector cultural, dando como resultado consensuar los ideales e intereses nacionales para el ejercicio de los derechos culturales; como aconteciera en 1998 en Venezuela, país de donde se tomaran, en esencia, el artículos sobre Derechos Culturales que aparecen en la propuesta constitucional dominicana.

Es por ello, que un conjunto de intelectuales e instituciones, encabezadas por la Red Dominicana de Culturas Locales, junto a la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales en la República Dominicana (FLACSO-RD), el Centro de Investigación y Estudios Sociales de la Universidad Iberoamericana (CIES-UNIBE) y la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), crearan una propuesta participativa, desde las organizaciones de la sociedad civil y la cultura que pudiera enriquecer y superar la formulación de los derechos culturales en la pieza constitucional.

A partir de este criterio, se realizaron, durante los meses de diciembre y enero, tres reuniones-talleres de expertos, así como consultas con intelectuales, académicos y técnicos, nacionales e internacionales, especializados en el área; quienes elaboraron una propuesta alternativa al Artículo 53, sobre Derechos Culturales; lográndose posteriormente, presentar a las organizaciones de la Red Dominicana de Culturas Locales, como a invitados especiales en el “Encuentro Nacional sobre Los Derechos Culturales en la Reforma Constitucional Dominicana”, que se realizó en la Biblioteca Pedro Mir, el pasado sábado 24 de enero, con el auspicio de la Rectoría de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, a través de la Vicerrectoría de Extensión Cultural.

A nivel internacional, esta propuesta contó con colaboraciones y asesorías puntuales, de miembros de la Red Iberoamericana de Agentes para la Cultura y el Desarrollo, en las personas de Ana Velasco (España), José Antonio Mac Gregor (México) y Arturo Navarro (Chile); así mismo expertos en cultura y desarrollo, como de connotados asesores internacionales tales como, Eduardo Nivón y Ernesto Piedras (México) y Jesús Prieto de Pedro, de España; este último, connotado especialista en legislación cultural.

De ahí, que se trabajara para que los Derechos Culturales en dicha Reforma Constitucional, pudieran expresar los avances del constitucionalismo cultural en el mundo de hoy, y definieran una concepción de la cultura distinta, que sirviera de fondo, para que los derechos culturales no sólo comprendan, “… el acceso a los bienes y servicios, sino también las oportunidades de elegir un modo de vivir colectivo que sea pleno, satisfactorio, valioso y valorado, en el que florezca la existencia humana en todas sus formas y en su integridad”, como refiere la UNESCO en el Informe Mundial, sobre “Nuestra Diversidad Cultural” (1997).

Pero este ideal de derechos culturales, no será posible sin concebir la cultura de forma activa y como elemento clave para el desarrollo integral, la democracia y el bienestar humano. Es decir, como proyecto que construye ciudadanía, basado en la democracia y la equidad, el respecto a las identidades, la interculturalidad y el multiculturalismo; siendo todo ello, el fundamento y garantía del Estado Social de Derecho.

Las reflexiones realizadas durante la Reunión de Expertos Nacionales, nos ha brindado la posibilidad de alcanzar un nuevo enfoque, posibilitando redactar una propuesta de modificación al Artículo 53, sobre los Derechos Culturales; que ha sido resultado, no solo de los aportes de expertos, y los estudios realizado a las diversas constituciones de países latinoamericanos y europeos y, de importantes instrumentos sobre legislación cultural internacional; entre los que posemos citar, la Convención de la UNESCO, sobre la Protección y la Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales (2005); la Carta Cultural Iberoamericana (2006) y la Declaración de Friburgo, sobre Derechos Culturales (2007); entre otros documentos, sino también de una consulta al sector cultural nacional.

Por esta razón, la propuesta de las Organizaciones de la sociedad civil, ofrece un salto cualitativo indiscutible, que de ser acogida por la Honorable Asamblea Nacional, permitirá que nuestra legislación constitucional sobre Derechos Culturales, pueda estar a la altura del constitucionalismo cultural contemporáneo.


Transformar las Relaciones Culturales Internacionales Dominicanas

miércoles, 12 de noviembre de 2008 |

Los Embajadores, Onofre Rojas y Federico Cuello, junto a Carlos Santos,
durante el II Foro de Ministros de Cultura de los Paises ACP, en Santo Domingo, 2006.


En nuestro país, las relaciones culturales internacionales están rezagadas. Por esta razón, es apremiante que sean evaluadas, conforme a la rigurosidad que amerita esta delicada dimensión de la política estatal.

Ante la importancia de la cultura en un mundo globalizado, los nuevos enfoques y paradigmas que la convierten en objeto de políticas públicas, reafirman y amplían el papel de las políticas culturales internacionales. Estas cumplen funciones esenciales para el desarrollo cultural, más allá de la tradicional representación y promoción artística. Con el incremento de las actividades y flujos, sean de personas, bienes culturales y mercados, la globalización impulsa al rediseño de las relaciones culturales internacionales, fijando nuevas finalidades, dinámicas y estructuras. [1]

Pensábamos, que con la creación de la Secretaría de Estado de Cultura, veríamos desaparecer años de arcaicas e inconexas políticas, características de las relaciones culturales internacionales dominicanas. Empero, a casi 10 años de su creación, aun permanecen inalterables las mismas estructuras y limitados alcances de la dimensión cultural en el exterior; habida cuenta de que el contexto internacional y nacional ha cambiado substancialmente.

A pesar de esta situación, las relaciones culturales internacionales en el mundo, componen junto a la política, el comercio y la defensa de una nación, una de las principales dimensiones internacionales del Estado moderno. Incluso, las relaciones culturales contribuyen a crear las condiciones adecuadas para que éstas otras dimensiones, puedan concretar logros en materia de política internacional.

Sin embargo, la inconsistente política exterior que poseemos, no dejan de ser fiel reflejo de las políticas públicas nacionales, y en particular, de la política cultural interna. Tiene razón J. M. Mitchell, cuando sostiene que “La política cultural exterior no puede ser practicada en abstracto. Su validez dependerá de la vitalidad de la escena interior, de la política cultural interna”.[2]

En el caso de nuestro país, no es comprensible la débil relación institucional establecida entre la Secretaría de Estado de Cultura y la Secretaría de Estado de Relaciones Exteriores, para establecer estrategias y políticas culturales compartidas. A ello, cabe sumar un escaso desarrollo técnico en la materia, así como las dificultades con que operan los departamentos e instancias de las relaciones culturales internacionales, los cuales poseen bajo perfil o son prácticamente inexistentes.

Vemos con preocupación que esta problemática se siga soslayando, a sabiendas de que su solución es esencial para la definición y coherencia de nuestra política cultural internacional. Hoy la sofisticación de las relaciones culturales exige invertir y concentrar esfuerzos que coadyuven a despejar la compleja situación de las políticas culturales internacionales, que cada día, están más cimentadas en el pluralismo cultural mundial.[3]

Las dificultades que tenemos para sancionar eficientemente los Acuerdos, Convenciones, y otros instrumentos normativos, que surgen de nuestras relaciones bilaterales y multilaterales, muchas veces trabajados eficientemente por los pocos técnicos que poseemos, quedan en un “limbo” por la desidia institucional y política; o, sencillamente, porque no se traducen en programas y proyectos de cooperación, en las que obviamente, quedan implicadas las capacidades técnicas y presupuestales institucionales, muchas veces inexistentes y menospreciadas. [4]

Sin una firme determinación para definir una política cultural exterior, que sea orgánica y que responda a nuestros intereses nacionales; lo mismo que sin una correcta visualización del escenario internacional, capaz de acertar sobre el papel de las relaciones culturales internacionales en el mundo de hoy; no será factible hablar de una eficaz relaciones culturales internacionales, ni mucho menos de correlacionar positivamente la política cultural interna y externa de la República Dominicana.


__________

[1] Ver a Belén Sanz Luque en ¿“Es posible evaluar la política cultural exterior como una política pública? http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/Elcano_es/Zonas_es/Lengua+y+Cultura/DT4-2006

[2] J.M. Mitchell, “Internacional Cultural Relations”, Allen & Unwin, London, 1977, p. 134. Ver también a Edwin R. Harvey en “Relaciones Culturales Internacionales en Iberoamérica y el Mundo”. Editado por Tecnos p. 23, 1991.

[3] Jesús Prieto de Pedro, “Política Pública y cultural”.
Ver en Web:
http://www.planetagora.org/espanol/note2.html

[4] Un ejemplo de esta situación es la UNESCO, donde la República Dominicana actualmente tiene 26 instrumentos por aprobar. Ver página Web UNESCO:
http://portal.unesco.org/es/ev.php-URL_ID=23047&URL_DO=DO_TOPIC&URL_SECTION=201.html

La cuestión en las Industrias culturales dominicanas

viernes, 3 de octubre de 2008 |


Francisco de Goya. "Tu que no puedes". Aguafuerte (1799)

Con el extraordinario dinamismo y crecimiento experimentado por las industrias culturales y creativas, acaecido en el contexto de la cultura y la nueva economía. Se pensaba que a estas alturas la República Dominicana, estaría desarrollando un audaz programa para este sector, desde el cual pudiéramos entrar al siglo XXI, transformando el ineficaz modelo de desarrollo cultural dominicano.

Lamentablemente, este hecho no ha ocurrido en los últimos 10 años, aun cuando el proyecto de reforma cultural en la República Dominicana, así lo contemplara. Más bien, hemos sido testigo de políticas que deliberadamente, provocan estancamiento y confusión, en torno al nuevo paradigma que trae consigo las políticas orientadas al desarrollo de las industrias culturales.

Con los progresos alcanzados en la región y el mundo, en materia de industrias culturales, posiblemente podríamos estar entre los países de menor avance en la adopción de políticas públicas, en favor de tales industrias y servicios. Tal aseveración no es exagerada sí nos percatamos de todos los aspectos y procesos requerido para acometer con éxito este propósito.

En el panel sobre industrias culturales, organizado por la Fundación Global Democracia y Desarrollo, (FUNGLODE), en 2004; sostuve que “Cualquier política cultural en la República Dominicana, estará condenada al fracaso, si no advierte de estos cambios y, si no reconoce que “... la actividad cultural ha adquirido una entidad como sector económico”.
[1]

Desde esta nueva configuración, la cultura cobra visibilidad y protagonismo, dada la dinámica que generan las industrias y servicios culturales en la lógica socioeconómica. Por otro lado, la irrupción de lo privado en este esquema; inexcusablemente permite ampliar el concepto de relación de lo público y privado, posibilitando que las relaciones con el Estado tengan que ser rediseñadas. En lo inmediato, ello exige mayor nivel de responsabilidad y eficacia, especialmente, en cuanto a la regulación y control de los mercados, evitando que las estrategias y dinámicas que poseen dichas industrias, impongan a la cultura una finalidad meramente mercantil.

Evidentemente, el fomento de las industrias culturales como objeto de políticas culturales, conduce a cambios profundos en el sistema y la gestión cultural, alterando de este modo, esquemas que no respondan a criterios basados en la planificación y en indicadores. Única forma de asegurar racionalidad y evaluación continua del modelo. Lo anterior dará cabida, entre otras cosas, a elevar la capacidad técnica de gestión, al tiempo de potenciar la vocación para la negociación y alianzas entre lo público y lo privado; esto así, en virtud del ineludible empoderamiento que este modelo impone a los actores involucrados.

El actual esquema de gestión cultural dominicano, ante las tendencias históricas actuales, evidencia un verdadero anacronismo, que se refleja en la imposibilidad de asumir, resuelta y deliberadamente, estrategias integrales para que las industrias y servicios culturales sean el motor del desarrollo, conforme al nuevo orden económico y cultural.

Los esfuerzos de iniciar en el 2005, un programa estratégico nacional para el sector de industrias culturales y creativas en la República Dominicana; no obtuvo mucho éxito, debido a los temor y recelos del conservadurismo cultural, que advirtió desaparecer el esquema patrimonialista de Estado, desde el que gestiona la cultura.

Es una lástima que tal programa, que fomentaría las industrias culturales nacionales y, que recibiera apoyo de organismos nacionales e internacionales; especialmente, en materia de cooperación técnica y financiera, fuera desmantelado.
______________
[1] Ver ponencia en:



Dimensionar la cultura para el cambio

martes, 12 de agosto de 2008 |

"Composición " , 1999, obra de Carlos Santos


“Seguimos en el mismo sitio y no encontramos salida: no sabemos guiar el cortejo fúnebre de lo real, del poder, de lo social mismo, implicado también en la depresión en que nos agitamos”.

“Cultura y Simulacro”
Jean Baudrilla
rd


Buscar un norte posible frente a las amenazas de estandarización y homogeneidad cultural, de las fuerzas de la globalización; lidiar con los efectos de desenfocadas políticas culturales, y buscar de alguna manera, reconstituir la fractura entre cultura, política y sociedad; nos lleva a valorar enfoques y experiencias que busquen refundar concepciones y prácticas culturales en su forma y contenido.

Con el Seminario, “Agentes Sociales para el Desarrollo y la Cultura”, celebrado en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia; conocimos otra dimensión del trabajo cultural, a través de experiencias que inspiran a retomar la idea de cambio, dimensionando lo social y cultura, desde otra perspectiva.

A partir de ese Seminario, revalidamos el trabajo cultural que orienta acciones cónsonas con anhelos y aspiraciones comunes, capaces de dotar de salidas a la circularidad del tiempo histórico macondiano, que viven nuestras realidades latinoamericanas.

Hoy el tiempo se vuelve más complejo y contradictorio para nuestra modernidad tardía, que tiene que enfrentarse a una nueva temporalidad de la sociedad de la información. La idea del cambio, en ese contexto, sólo es concebido desde el impulso tecnológico, dejando de lado otros factores que unifican y consolidan la cultura.

Pero esa realidad contradictoria observada, tiene un fardo pesado, actúa disgregando lo social y lo cultural, a través de las mediaciones institucionales que hacen imaginar, únicas e ineludibles opciones de intervención de la realidad. Como toda ideología, nos hace creer que el cambio social provendrá de las fórmulas instituidas por el poder. Tiene razón Andrés Pérez Baltodano, cuando señala que en América Latina, percibimos que la realidad no cambia, porque es “…producto de nuestra visión histórica como un proceso territorialmente contenido”.[1]

Un nuevo enfoque, no deberá perder de vista la fuente y razón del poder en la cultura. Es preciso una vincularidad de diversos factores para que se produzca un verdadero cambio; pues, las fuerzas del cambio, que influyen sobre nuestras realidades sociales e institucionales, son continuas e indetenibles. Obviar este hecho, es desconocer el sentido y orientación de los procesos y la propia realidad. Vale decir, “Macondo desapareció (que es la forma más radical de cambio) precisamente por no cambiar; desapareció arrasado por las fuerzas externas nunca previstas por los personajes que lo habitaban”. [2]

Por eso, la nueva acción cultural debe apelar a una lógica, de tiempo y espacio diferente, horizontal, capaz de hacer fluir la relación entre vida y cultura. No es casual, que en las conclusiones del Seminario antes citado, se hiciera un llamado a “… no perder la capacidad de encantamiento de la Cultura, de no olvidar que su misión es la creación de mundos poéticos, habitables”.

Configurando así el trabajo de gestión cultura, vemos romper los tiempos y espacios de políticas que subordinan toda suerte de bien común y éticidad, al simulacro y la teatralidad. Faltará aún, que la acción cultural sea dimensionada, avizorando y construyendo alternativas y alteridades fundantes. De tal suerte, la cultura provocará sus giros dialécticos, cristalizando no sólo “mundos poéticos y habitables”, sino mundos posibles, vividos y soñados colectivamente.

Sin embargo, la crisis de sentido en la política nos llega, haciéndonos pensar que la causa y el cauce del poder y el cambio residen en las instituciones,[3] esas mismas que entendemos esclerotizas y fosilizadas. Así, como parte de esa ideología, la dimensión colectiva se enajena, dificultando la creación de comunidad e impidiendo la plena y armónica relación entre cultura y política.

No debemos renunciar a dimensionar la cultura porque sería deshabitarnos de historia e identidad.

_______________

[1] Andrés Pérez Baltodano, “Estado, soberanía y políticas en América Latina”. Ed. Nueva Sociedad, 1997. El autor sostiene que “América Latina cambia cuando cambian sus procesos institucionales nacionales. Cambia también cuando éstos se mantienen inalterables ante cambios que subre el contexto dentro del cual funcionan los países de la región”. Pág. 18.
[2] Ibíd., Pág. 18.
[3] Ver Alejandro Serrano Caldera, “Ética y Política”, ver sus tesis sobre la crisis de la política. Revista Polis, versión Web: http://www.revistapolis.cl/polis%20final/10/serr.htm

Panelistas de la Universidad de Barcelona y la Fundación Interart de España



Hurgando entre mis archivos, he descubierto la Declaración de compromisos redactada por los participantes del Primer Taller de Industrias Culturales y Creativas, que auspiciara la Secretaría de Estado de Cultura (SEC), el Centro de Exportación e Inversión de la República Dominicana (CEI-RD) y el Consejo Nacional de Competitividad, en 2006. Este Seminario Taller, único celebrado en el país, tuvo el apoyo de la Agencia Española de Cooperación para el Desarrollo (AECID), la Universidad de Barcelona y la conocida Fundación Interart de España.

El Evento que concentró a todos las instituciones públicas y principales actores que inciden en la dinámica de las industrias culturales y creativas, trabajó en dicho seminario para promover una política de Estado que diera coherencia al referido sector.

A pesar de este extraordinario esfuerzo y las enormes expectativas que creó, todavía se está a la espera de iniciar un programa nacional para el desarrollo y competitividad del las industrias culturales en la República Dominicana, cuya dinámica pueda beneficiar y transformar el actual modelo cultural.



Seminario-Taller Desarrollo y Competitividad de las
Industrias Culturales y Creativas en la República Dominicana




Declaración de Compromiso
Santo Domingo, 8 de marzo de 2006


Los participantes en el seminario-taller “Desarrollo y Competitividad de Industrias Culturales y Creativas en República Dominicana”, organizado por la Secretaría de Estado de Cultura, el Centro de Exportación e Inversión de la República Dominicana, el Consejo Nacional de Competitividad, la Agencia Española de Cooperación Internacional y la Universidad de Barcelona, celebrado durante los días 7 y 8 de marzo del 2006, en Santo Domingo, Rep. Dom.

CONSIDERANDO que el Seminario-Taller se enmarca dentro del Programa de Reforma y Modernización del Estado, que contempla estimular acciones orientadas a un tratamiento político administrativo integral para el desarrollo humano y cultural del país, como lo espera e instruye el gobierno del Honorable Presidente Dr. Leonel Fernández Reyna,

CONSIDERANDO que las instituciones participantes en dicho evento se sitúan en espacios multisectoriales, públicos y privados, y procuran apuntalar esfuerzos hacia un nuevo modelo de gestión pública, incidiendo en la dinámica de la economía de la cultura dominicana,

DECLARAN LO SIGUIENTE:

  • Nos comprometemos en asumir activamente el rol que nos corresponde desde nuestras instituciones, para proteger y desarrollar la producción artística, cultural e informativa de los dominicanos.

  • Resolvemos apoyar e impulsar el “Programa de Desarrollo y Competitividad de las Industrias Culturales y Creativas de República Dominicana” presentado en este Seminario-Taller, como marco referencial a seguir, a fin de articular respuestas concretas y consensuadas para afrontar el presente y futuro del desarrollo del sector de las industrias culturales y creativas.

  • Procuraremos que el “Programa de Desarrollo y Competitividad de las Industrias Culturales y Creativas de República Dominicana” contribuya a la generación de sinergias y coordinaciones para el trazado de políticas que enriquezcan, protejan y den continuidad a nuestro patrimonio cultural, a los procesos identitarios que generamos los dominicanos y a la propia diversidad que poseemos.

  • Aunaremos esfuerzos para que el proceso contribuya a redimensionar nuestros roles institucionales, garantizando una nueva ciudadanía cultural que procure, esencialmente, la defensa de la creación, el acceso y disfrute de los bienes culturales y garantice el trabajo de nuestros artistas, periodistas, técnicos, productores y otros actores que crean el capital cultural en la nación dominicana. Así mismo, procuraremos con dicho Programa estimular, a través de acertadas políticas públicas y privadas, el desarrollo y crecimiento y competitividad de las empresas nacionales productoras de bienes y servicios culturales y de la información.

  • A sabiendas de que la defensa de la identidad cultural implica la defensa de los valores identitarios de nuestra dominicanidad y bajo el convencimiento de que es preciso asumir como misión la protección, promoción y fomento de la producción de bienes culturales nacionales, concordamos que es imprescindible garantizar la inserción de nuestra producción cultural en el ámbito internacional y consideramos que se puede alcanzar encauzando el “Programa de Desarrollo y Competitividad de las Industrias Culturales y Creativas de República Dominicana”.
En este sentido, establecemos trabajar en los siguientes ejes fundamentales:
  1. La Cultura como generadora de crecimiento económico, empleo y desarrollo
  2. Los retos que enfrentan las industrias culturales y creativas
  3. La cultura como un instrumento de cohesión social y de lucha contra la pobreza, como parte de las metas a cumplir en RD ante los objetivos del milenio.
  4. La Convención sobre la protección de la diversidad de los contenidos culturales y expresiones artísticas
  5. El rol protagónico de los sujetos de la creatividad y la producción cultural.
Apoyamos que se establezca un ente coordinador de los trabajos, con su correspondiente unidad técnica gerencial, compuesto inicialmente por aquellas entidades gubernamentales que puedan sentar las bases para su institucionalización, recomendando a las siguientes:


· Secretaría de Estado de Cultura
· Centro de Exportaciones e Inversiones de República Dominicana (CEI-RD)
· Consejo Nacional de Competitividad
· Secretaría de Estado de Turismo
· Secretaría de Estado de Educación
· Secretaría de Estado de Educación Superior, Ciencia y Tecnología
· Secretaría de Estado de Medio Ambiente
· Oficina Nacional de Propiedad Industrial
· Oficina Nacional de Estadística
· Banco Central de la República Dominicana

  • Conscientes de que el proceso de concreción de un proyecto de esta magnitud e importancia debe ser integrador y participativo, apoyamos la conformación posterior de una Comisión Mixta que junte a los sectores público, empresarial, sociedad civil, medios de comunicación, organismos internacionales de cooperación y otros actores del sector cultural involucrados que puedan garantizar su seguimiento y continuidad en beneficio de un modelo de desarrollo para estas industrias.

UNTCAD, Informe de la Industria Creativa 2008

viernes, 13 de junio de 2008 |



El Presidente de la República Dominicana, Dr. Leonel Fernández Reyna,
en la puesta en circulación del Libro ¨Industrias Culturales: Retos para el Desarrollo¨.
FUNGLODE , 2004.


Desde hace varios años, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNTCAD), viene indicando cómo se están posicionando las industrias creativas en el comercio internacional, hasta convertirse en fundamentales para el desarrollo de las economías emergentes.

Con el Informe de la Industria Creativa 2008 de la UNTCAD, titulado, ¨El desafío de evaluar las economías creativas: hacia la formulación de políticas públicas informadas¨; sólo vemos coincidir los análisis y propuestas del informe, con los realizados desde hace años en diversos seminarios y talleres, por expertos nacionales e internacionales para el caso dominicano.

Un Grupo de alto nivel de la UNTCAD, desde enero pasado, había sido convocado en Ginebra para analizar la economía de las industrias creativas para el desarrollo. Con ello, daban seguimiento al mandato de la Conferencia UNTCAD XI, que sugería a la comunidad internacional, ¨… respaldar los esfuerzos nacionales de los países en desarrollo para aumentar su participación en los sectores dinámicos, obtener beneficios de ellos y fomentar, proteger y promover sus industrias creativas". (Consenso de São Paulo, párr. 91).

Esta Reunión convencida de que la efectividad de la misma, sería producto de un esfuerzo multisectorial y multidisciplinarlo, pudo alcanzar con éxito, una plataforma para el debate intergubernamental, mostrando el desempeño y progreso obtenidos en el análisis de las políticas y los futuros escenarios de la economía creativa. De esta manera se ha arribado al informe que divulgamos, en el que se presta atención al diseño de políticas públicas y a la comprensión de los aspectos centrales de la economía creativa, como a su potencial para fomentar el desarrollo.

Desde este punto de vista, el Informe realiza importantes avances para concientizar a nuestros países acerca de las ventajas que hoy tienen las industrias creativas, al tiempo de exhortar a sortear los desafíos de evaluar la economía creativa, orientadas a un diseño de políticas públicas informadas, que contribuyan a delinear ¨… un paradigma conceptual, institucional y de políticas públicas, propicio para que esta economía pueda prosperar.¨

Independientemente de reconocer el impacto del sector para de industrias creativas, hoy situado entre los más dinámicos; el informe UNTACD 2008, analiza cinco obstáculos que persisten en los países en desarrollo, a saber:

1. La falta de un paradigma claro para comprender y analizar la economía creativa que sirva de base para el diseño de políticas públicas informadas y basadas en evidencia empírica;

2. La falta de datos sobre el rendimiento de la economía creativa que constituyan la base de buenas estrategias para el desarrollo;

3. Las inusuales características organizacionales de la economía creativa, que más que políticas genéricas, requieren políticas públicas adaptadas al contexto de cada país;

4. La falta de capacidad institucional para apoyar el desarrollo de las industrias creativas en los países en vías de desarrollo, particularmente para la protección y aplicación de los derechos de la propiedad intelectual; y

5. Las enormes ventajas de las que se benefician los países desarrollados por haber sido los primeros en establecerse en el sector de los bienes y servicios creativos, las cuales dificultan la competitividad de los países en vías de desarrollo en los mercados mundiales para estos productos.

Bajo la interrogante, ¿Cómo se relacionan estos factores con la cultura? El Informe hace un despliegue excelente, acerca de los factores que entran en juego para el impulso de las industrias creativas, además de que ¨…renueva el interés sobre la cultura y la creatividad en los procesos de desarrollo¨.



El Vínculo entre Cultura y el Desarrollo: Comentarios a la Ponencia de Renato Ortíz

miércoles, 7 de noviembre de 2007 |



La relación entre cultura y desarrollo sigue siendo en presente siglo XXI tema central entre los más connotados teóricos de la cultura. Esta problemática es crucial para conocer el carácter y rumbo del desarrollo cultural, como para visualizar y comprender en toda su complejidad y dimensión, el campo de las políticas culturales.

Luego que la Comisión Mundial sobre Cultura y Desarrollo de la UNESCO, redactara el texto ¨ Nuestra Diversidad Creativa¨ en 1996, y declarara el decenio del desarrollo cultural. La comprensión sobre esta problemática y los aspectos implicados en la misma, han hecho avanzar las políticas culturales en el mundo.

La República Dominicana posterior a este acontecimiento hizo esfuerzos en consolidar la institucionalidad cultural a través del programa de modernización del sector cultural entre los años 97-2000, creando un organismo gerencial que afianzara, desde el Estado, una gerencia cultural planificada.

Obviamente, todavía en nuestra institucionalidad cultural no logramos la adecuación a tales procesos y concepciones. Muy por el contrario, vemos con preocupación cómo se prosiguen criterios de gestión cultural similares a los que existían cuando no contábamos con ministerio de cultura.

¿Por qué no avanzamos hacia nuevas concepciones sobre el desarrollo cultural? ¿Qué impide que podamos salir del desfase, ante los nuevos modelos y paradigmas de desarrollo cultural existentes? ¿Qué impide obtener el vínculo entre cultura y desarrollo? Indiscutiblemente son muchas las interrogantes y por supuesto, múltiples las razones. Hay que reconocer, que carecemos de una adecuada reflexión y entendimiento acerca desarrollo cultural.

Renato Ortiz, en el recién finalizado V Campus de Cooperación Euro Americano de Cultura, celebrado en Portugal; aporta puntos de vistas interesantes e inéditos a esta problemática. El conocido intelectual brasileño, tiene una tesis central que nos puede ayudar a comprender la problemática sobre el tema en cuestión.

Para este autor, no existe una relación de necesidad entre cultura y desarrollo, ésta le viene justamente con la modernidad. Estima que las argumentaciones acerca de dicho tópico han dejan de lado algo esencial: la cultura a diferencia de las políticas culturales, cumple una función constitutiva de la sociedad.

En ese contexto, la cultura es constitutiva de la sociedad, según Renato Ortiz, justamente porque no hay sociedad sin cultura; sin embargo, sostiene que en nuestra sociedad moderna al introducirse la noción de ¨política¨, subrepticiamente marcamos la discusión con otros indicadores. Ahora dicha relación será el espacio para la racionalidad y la cognición, la cual nos lleva ineludiblemente al ámbito de la planificación.


Llegado a este punto, Ortiz subraya el hecho de que la noción del desarrollo en su especificidad actual corresponde a la modernidad; siendo el desarrollo un ¨invento¨ o ¨conquista¨ de la Modernidad, a la vez que elemento esencial, constitutivo, de la sociedad moderna. Por lo cual resulta imprescindible que establezca ese vínculo con la cultura que genera.

Por esta razón, la cultura (en tanto esfera constitutiva de la sociedad) requiere grados de racionalidad que la hagan coincidir con las políticas que afianzan el desarrollo. Para ello, será necesario un proyecto político societal, que como dice Néstor García Canclini, nos ayude a entrar y salir de la modernidad.

Los planteamientos de Renato Ortíz, permiten comprender el porqué del desfase de nuestras políticas culturales, así como de su diacronía y sincronía para con la cultura y el desarrollo. Esto queda evidenciado por la ausencia de planificación y el desinterés por la obtención de indicadores culturales.

Mientras tanto, las políticas culturales para el caso de la República Dominicana y de muchos de nuestros países latinoamericanos seguirán siendo inadecuadas, ante la ausencia de planes y una visión integral hacia el desarrollo humano. Por este motivo, los ejes de políticas culturales que establecen nuevas relaciones entre cultura y sociedad, quedaran siendo pura retórica.

El vínculo efectivo entre la cultura y el desarrollo deberá seguir esperando en nuestro país, el reino de la racionalidad, luego que definamos claramente, de cuál desarrollo hablamos, como nos señala el autor de ¨Otro Terrritorio¨, en esta excelente ponencia.